21 julio 2009

más de lo mismo...

Es así como a veces, suceden algunas cosas de las que nunca cambian. Pero suceden, porque se ven, se sienten, se piensan e incluso, si estiras un poquito el brazo, puedes llegar a tocarlas con la mano. Cosas que parecen insignificantes por suceder en un instante, que otras veces se convierte en un momento y algunas que otras una eternidad que va cobrando significado en pedazos que se unen, en trozos de instantes fusionados por momentos. Que de momento en momento la vida pasa, quizá porque solo sea un momento o quizá porque es el nuestro. Y es que tenemos tanto camino, que detenerse en él está bien a veces pero hay que caminar. Y así algunos días, repentinos, en pausa o en off caminando entre recuerdos pasados y presentes re-trocedemos, re-descubrimos y re-afirmamos que todo es más de lo mismo. Que algunas partes se cambian como piezas en un puzle que encajan mejor en otro lugar mientras encontramos el nuestro. Modificados y modificantes sin sentido o con él. O perdiéndolo en el momento de decir hasta luego, que no es más que un adiós que suena más cercano, de esos que si estiramos el brazo... Y así, intentando poner un poco de orden a unas letras que perdieron el sentido, que no saben ni que quieren decir, nos vemos dando de nuevo al pausa para que todo siga igual.

Pic: Instantes detenidos, exposición Unicaja Cádiz.

02 mayo 2009

Sería la LUNA...?

Estaba re-leyendo una parte de algún recuerdo tan cercano que se perdía en la lejanía, escuchando la banda sonora de una película que le hacía situarse en la altura de una azotea. Al fondo el mar como paisaje y el sonido de una guitarra, algunas voces perdidas y otras silenciadas, una maraña de hilos en una escena común de una cárcel sin rejas. Entonces pensaba en la luna, culpable de la otra noche, que con aquella media sonrisa le seducía. La culpaba a ella que nunca perdía aquel rostro de serenidad que se le antojaba inalcanzable. Desde que podía recordar, ella estaba ahí, conquistando un lugar irreemplazable por nada de lo que hasta ahora existía. Siempre con las manos frías, sin olvidar las dos caras de un todo y buscando siempre la escondida, desde que sabía que su existencia había ocupado el lugar de su inocencia. Caminaba por la calle de siempre sintiéndose perseguida por su fuerza, sintiéndola tan cerca que la intimidaba y la hacía aligerar el paso hasta abrir la puerta y permitir que la luz artificial pudiera protegerla de ella hasta que subiera al piso de arriba y abriera la ventana. Negándose de la artificialidad que tanto la incordiaba. Acabó de leer cuando sonaban las primeras notas de “Amanecer” de Habana Blues. Y así fue como se olvidó del poder de la luna por algunos momentos para volver lista al amanecer al final de la canción. Y es que la realidad es a veces tan parecida a la luna…

08 abril 2009

despertar...

ALGO NUESTRO...
Pasó el invierno y dio paso a la primavera. Y hoy es primavera, nació de repente, de un día a otro, una nueva estación. Una estación que parece recobrar vidas aletargadas. Pero no salió el sol, irónicamente, amaneció lloviendo. Devolviendo a la tierra ese bien natural que tanta falta le hace y del que no somos conscientes los humanos que la habitamos, también nosotros en nuestra mayoría compuestos de ella. Amaneció en aquél pequeño país con una aureola blanca que cubría el cielo e iluminaba la ciudad, con un mensaje de paz.
Y en paz, emprendimos una nueva excursión. Esta vez hacia el centro de la isla. Con mochilas de ilusión cogimos camino a Santiago. De Santiago a Nagua, y de Nagua a Samaná. Cabrera y Río San Juan y de aquí a Puerto Plata, pasando por Sosua y Cabarete. Parada en medio del camino para descubrir el Salto del Limón. Y así, como Labordeta nosotras, hicimos un pequeño país en nuestras mochilas, que portaban lo justito para que ocho mujeres con sus ocho bultos se hicieran hueco en guaguas, moto-conchos, guaguitas, caballos, burros e incluso coches particulares de amables compañeros de viaje dispuestos a ayudar por unos cuantos pesos. Paseo en caballo flaco, atraco incluido, la muerte de un pobre perrito, tal vez de una patada, paseos por el Malecón, subida al teleférico, amanecer en el mar, pero sobre todo espejismos de ensueño. Montones de ilusión esparcidos una semana por cada uno de los más remotos rincones de aquel pequeño país. Latas de atún, salami y tostones, sándwiches intoxicados y algo más de comida barata con la que engañar el estómago y conformarse. Esa fue nuestra semana (santa además) única e irrepetible. Lloros, risas, lamentos, cantos, gritos, brincos y conversaciones que nos llenaron de lo más auténtico. De la verdad. La verdad de un viaje. La verdad descubierta por dieciséis ojos que acapararon con toda la información posible, aprehendiéndonos de cuanto nos sucedía para que los próximos errores fueran menos errores. Alegría y aprendizaje unían manos y pensamientos. Playas desiertas, montañas escondidas, cascadas cristalinas, cuevas ocultas, ríos, lluvia, sol, nubes y ocho muchachas. Todo bajo un mismo cielo. Rodeadas de una naturaleza tan sabia que fue capaz de enseñarnos cada paso a dar en un camino de incertidumbre, en un viaje sin rumbo. Sin agua, sin luz, sin secadores ni maquillajes. Todo sobraba porque no hacía falta nada más que las ganas de compartir y el ánimo por descubrirnos. Unas a otras nos descubrimos como personas. Unas a otras por mares de entusiasmo y admiración por un pequeño país que sin tener nada podía poseerlo todo. Porque el tiempo era nuestro y lo hicimos nuestro. Porque el día comenzaba en el amanecer y duraba sin descanso hasta que el sol volvía a salir allá en el horizonte. Y es que, todos aquellos escondites son la mayor riqueza que puede haber en un pequeño país pobre coronado por una capital egoísta que todo lo quiere. Tan egoísta como peligrosa. Porque la calma de aquellas gentes por las que nos aconsejaban allá en la ciudad un “cuidado, que son de campo”, gentes analfabetas por no haber tenido la oportunidad de que la enseñanza de las pequeñas ciudades acudiera a la lejanía. Pero gentes, que sin saber nada se construían sus destinos de una manera tan sosegada y natural como el ambiente que los rodeaba. Y allí aprendimos a no correr. A tener un tiempo y aprovecharlo. A valorarlo más bien, igual que aprendimos a valorar el agua y el viento en días de infierno calor. La lluvia y las estrellas de noches en vela. Como una utopía que se aleja en un horizonte cercano.

07 marzo 2009

INICIO


Cuanta ineptitud....

Y seguía aspirando no solo el aire que entraba por su nariz, sin pensárselo dos ni tres, ninguna...volvió a ansiar aquella sustancia que le dormía el paladar evacuándose en ella como parte de una casa desocupada que le era propia. Y volvió a sentirlo, el vacío de su soledad, al que todavía no había puesto precio, en un rumbo y dirección que viraban hacia ninguna parte. Seguro del éxito de su propia obra reflejado en un simple trozo de mármol. Y sin saber en que momento se perdió, de entre tantos discursos defendidos, rodeado de armas, de muertes y de almas...

… Daba la espalda a la puerta entreabierta que invitaba a entrar y salir en una vía de escape tan clara como la munición que acabó con todas las filas...Y seguiría resonando y viéndose contracorriente, chocando con pares e impares, agrandándose los choques como una montaña que comenzó con un granito de arena, como todas las montañas, hasta constituir un disparate en el que no se sabe cual es tu lugar ni que papel ocupar en la siguiente escena. Suben el telón en el momento menos esperado, dando comienzo a una obra que no tiene guión ni montaje...Se había vuelto a perder en sí mismo. A sí mismo hacía ya demasiados años que se abandonó, y es que su conciencia no podía hablar, porque si lo hacía, aquellos que tanto discursaban quizá conocieran el valor del silencio y la acción de la que precisamente a él le habían hecho esclavo...Tantas acciones mal avenidas, tanto sufrimiento, bombas y vidas minadas con él como protagonista. Todavía hoy el sonido de las balas no le dejaban dormir por la noche dejando juego a la sustancia prohibida que anulaba su mente y reanimaba su ánimo...Conciencia no tan prohibida por los portadores de sus armas y dueños de sus acciones...Todavía hoy veía miles de ojos fijos en él a la espera de lo que nunca llegaba. Y de nuevo la pesadilla volvía a acechar otro amanecer teñido de blanco, en off, donde no podía rebobinar y verse a sí mismo recorriendo y devastando ciudades a punta de pistola. Eso era una guerra civil. Todo a cambio de nada. Todo. Y es que el día que decidió escribir unas cuantas letras que luego doblaría en dos mitades de un insignificante papel fue cuando se dio cuenta de que lo mejor de ese Todo, el dinero no lo podía pagar. Y pagó con una vida impuesta a precio de oro lo que veía ahora a precio de nada. Había sido una marioneta inerte en el curso de acontecimientos que distaban mucho de su dominio. Dominado. Su vida había sido dragada para hacer el trabajo sucio de quien le mandaba a trabajar, el mismo de siempre… Ahora entendía todo.

Volvió a doblar el papel firmado bajo el pseudónimo de el legionario de la boina carmesí y respiro un aire tan puro que le dolieron los pulmones. Fue entonces cuando lo tuvo claro, no iba a terminar él como su padre, pistola en boca, silencio roto. Y eso que tantas veces vio una mirada perdida, arrepentida, devorada por el miedo. Tanto sufrimiento, la voz dormida de tantos que como él lucharon sin querer por calles sin nombre que dejaban a su paso trances donde tardarían mucho en volver a crecer flores…

Y siguió desplegando pedazos de memoria de lo que nunca se atrevió a contar. Miles de historias malavenidas que continúan el sosiego de alzar la VOZ SILENCIADA que con determinación, seguía contando una caja de pedacitos doblados en cuatro...


Pic..Robert Capa.. Guerra Civil Española (Aragón, 1938)

04 marzo 2009


Ahí estoy, mirando hacia el infinito de un horizonte que confundo minutos antes de saltar. Me lanzo para conseguirlo y me veo caer moviendo brazos y piernas frenéticamente en un último intento de aterrizar a salvo. He saltado, caído y levantado para ponerme a caminar. Y sin embargo, sigo ahí donde estaba, mirando…

24 febrero 2009

Vomitaba un asco generalizado desde lo más profundo de su interior. Era como cuando atraviesan a uno con una katana inesperada partiéndolo en dos mitades simétricas para luego seguir estrujando una de ellas. Recuerdos que subían y bajaban jugando a ocupar algún lugar perdido en forma de nauseas para las que pronto descubriría una pequeña cápsula capaz de curarlo todo, desde la depresión hasta el olvido. Las vendían en farmacias de esas que parecen bazares de un todo a 1€, a pesar de no costar todo 1€, desde asquerosos preservativos máximos representantes del miedo, hasta cytotec ayudante de sangrado vaginal, pastillas adelgazantes de euforia que permiten no dormir una noche y no comer al día siguiente y por supuesto prozac multiefectos. Con todo esto se preparaba un banquete de rubias divinas de una Divina Comedia que no era de Dante a pesar de ser igual de real. Narrada al estilo toscano deja de lado la razón, que no interesa al autor, consciente de que todavía el uso de la viagra para determinados asuntos adúlteros, queda a un tiempo lejano de la siguiente escena. Tan claro era que tenía él aquello de que no existía un desierto donde llueve el fuego, ni una llanura de hielo de traidores, ni un bosque travesía de suicidas, que siguió con el camino de poner un final feliz de aquellos de los que fueron felices y comieron perdices, que pasó por alto detalles importantes de un paraíso que no existe. Y como a cada cerdo que le llega su San Martín, llegó para él tan esperado día de des-dicha. A partir de entonces, su visita a la farmacia la hacía con vergüenza para comprar hemoal. Y es que aquél veintiuno del mes de la primavera, un fiel amigo de esos que se cobran los intereses a largo plazo, le había metido un precioso ramo de flores que se tornó en tridente una vez dentro de su apreciado esfínter, dando comienzo a una obra ya escrita para la que un amplio reparto esperaba un final y alguien acuñó con el nombre de: FUNDAMENTOS TEÓRICOS DEL ASCO …que se impartiría en un curso de invierno….por alguien que se cansó de ser bueno y envió un precioso ramo de margaritas de colores lejos, muy lejos…

14 febrero 2009

Escondía un pequeño rostro tras unas enormes gafas amarillas que el éxtasis de la noche todavía le devolvía esa peculiar visión a muralla chinacriolla. Al menos pudo darse cuenta de que cuando no se conoce el camino, el trayecto se hace más largo. Daba un paso adelante, gigantesco, que marcó su huella en la arena cuando caminaba hacia un mar tranquilo de aguas templadas. Solo a veces miraba lo que dejó a su espalda, consciente de que el peso que llevaba consigo todos esos meses era irreal. Ya no era una muñequita manga que nunca tuvo su historia cómica. Ahora, una agradable brisa revolvía sus cabellos mojados, devolviéndola de nuevo al lugar ocupado en un pequeño espacio de un rincón, junto a unas rocas que encerraban un camino submarino donde bucear en su propia corriente, en la línea del horizonte que se pierde en azul intenso uniendo el cielo con el mar; y si cogemos una regla de esas que miden cosas y la ponemos recta en esa misma línea, podremos descubrir que realmente no es una línea recta, sino la curva de lo que estamos viendo en la más absoluta lejanía. Allí se encontraba. Sola y completa, y acompañada por la tierra, girando al fin con esta en la misma dirección, convenciéndose de haber elegido la ruta correcta, directa hacia uno, desde el interior afuera, guardando miles de pedacitos en un frasco cerrado de esos que se mandan en forma de mensaje en una botella. De los que se queda el mar, reservando para alguna ocasión especial, para esos días en los que no se sabe que decir. Devolviendo a otro lugar la inspiración perdida, a veces ganada.
Y sin echar de menos un destino más fácil, de una manera tan sencilla como aquello que no se piensa, regresó a la ausencia de una silla vacía aunque ocupada. Y aunque nada había cambiado, ya nada sería lo mismo. Los cuadros de los paisajes pintados por delicadas manos no hacía mucho tiempo atrás se empañaban ahora en la mirada de quién observaba con mente ausente otorgándoles vivos colores de esperanza con sabor a i-realidad. Y se escapaba entre los dedos lo propio, lo innegociable, la autenticidad de quién crece entre ideales alcanzables que cobren sentido algún día en el destino de las no casualidades. Coger un avión para aterrizar en otro lugar, lo excitante de un aeropuerto perdido, el naufragio de ocho, nueve o incontables horas en el aire, quedaban arrinconados en algún lugar del mundo de una mente perdida. Sumarían más de ocho las horas muertas a la espera de lo inacabado. Y restarían mil y una las gracias por lo conseguido, por lo trabajado con unas manos cuya dedicación no es la de plasmar su culo “cute” en una fotografía en Internet.






Pintura de: pola oelckers (www.artelista.com)